APRENDER LO INEXPLICABLE SEGUNDA PARTE

Hoy sabemos que ese tipo de amnesias son características de todos los enfermos con daño o alteraciones en el lóbulo temporal medial del cerebro, la zona afectada en HM. Los enfermos de Alzheimer, uno de cuyos síntomas más graves es la pérdida progresiva de memoria, tienen también afectadas regiones cerebrales que comunican entre sí el hipocampo y el resto del cerebro. En general, los enfermos amnésicos recuerdan acontecimientos recientes pero no pueden formar memorias a largo plazo. No parecen capaces de transferir información desde los sistemas de memoria a corto plazo a los sistemas de memoria a largo plazo, un déficit por tanto que afecta a lo que hemos denominado consolidación de la memoria.

Un conocido rompecabezas manual, llamado Torre de Hanoi, nos permite distinguir claramente entre los tipos de memoria implícita y explícita.
Consiste en pasar varios discos de madera, de diámetros progresivamente mayores, desde un eje vertical a uno de otros dos ejes, en movimientos de una sola pieza y sin colocar nunca un disco mayor encima de uno menor. Los pacientes amnésicos aprenden con normalidad a mover los discos correctos con eficacia creciente, pero son incapaces de recordar y reconocer conscientemente esos discos y el conjunto del rompecabezas, o las experiencias de días anteriores practicando con él. Cada ensayo diario es una
novedad, porque el individuo no recuerda haberlo hecho antes, pero, sin duda, el paciente aprende y recuerda implícitamente lo aprendido, como demuestra con su ejecución cada día más perfecta. Por el contrario, pacientes como los de Parkinson con temblores y déficit motor de memoria implícita, recuerdan
perfectamente sus experiencias previas con el rompecabezas, pero no consiguen acumular esa experiencia en forma de aprendizaje, equivocándose continuamente por muchos días que lo intenten. Vemos pues en la práctica la disección cerebral y funcional de ambos tipos de memoria y su trastorno en cada tipo de enfermo.

Las memorias implícita y explícita no son siempre independientes una de la otra. En los organismos superiores se observa una considerable influencia mutua. Los recuerdos o conductas inconscientes (implícitas) pueden ser modulados y modificados por la memoria consciente (explícita) y los recuerdos explícitos suelen tener muchos componentes de memoria implícita.

Muchos tipos de aprendizaje y memoria comienzan siendo conscientes y explícitos para acabar convirtiéndose, con la evocación o práctica repetida de su contenido, en pura conducta o memoria implícita. Cuando aprendemos a escribir a máquina, a nadar o a conducir un coche, nuestra conducta es consciente y explícita pero con la práctica se automatiza y se convierte en una rutina inconsciente. Hay incluso tareas complejas que pueden aprenderse tanto de forma implícita como de forma explícita, requiriendo cada una de ellas regiones cerebrales diferentes y originando memorias con propiedades también diferentes, pero lo más frecuente es que ambos tipos de memoria interactúen y se apoyen.

PENSAR, RAZONAR, DECIDIR: COGNICIÓN EJECUTIVA
Una forma particular de memoria explícita, y por tanto consciente, es la llamada memoria de trabajo. Es el tipo de memoria a corto plazo que
utilizamos cuando tratamos de retener información sobre algo que nos
acaban de decir, cosas que acaban de pasar o pensamientos que acabamos de
tener, para utilizarlos inmediatamente en el propio razonamiento, en la
resolución mental en curso de algún tipo de problema o en la toma de
decisiones. Cuando, por ejemplo, multiplicamos mentalmente, hemos de
retener brevemente en memoria los productos parciales para integrarlos en el
producto final. Esa retención de los productos parciales es lo que llamamos
memoria de trabajo. Se trata entonces de información transitoria, que
frecuentemente está generándose, borrándose y siendo sustituida por otra de
similar naturaleza. La memoria de trabajo está muy relacionada con la
inteligencia de cada individuo.

El recuerdo de las memorias implícitas suele ser un proceso instantáneo y
automático que nos permite reproducir con precisión el comportamiento
aprendido y almacenado en el cerebro. Pero otras veces se trata más bien de
un proceso activo, una reconstrucción no siempre fiel de lo que inicialmente
se almacenó en la memoria. Muchos recuerdos de ambos tipos, implícitos y
explícitos, pueden activarse mediante estímulos sensoriales o percepciones
relativamente simples, como imágenes o sonidos, que activan los circuitos
cerebrales que se relacionan con las memorias implicadas. Sorprendente es,
asimismo, el extraordinario poder que tienen los estímulos olfatorios para
evocar memorias remotas. El olor de una muñeca o de cualquier antiguo
objeto guardado en un viejo baúl puede hacernos revivir instantáneamente
momentos o sensaciones de nuestra más lejana infancia. Ello es una reliquia
biológica del poder ancestral que tuvieron los estímulos olorosos para advertir
de la presencia de estímulos vitales como alimento, sexo o peligro. La
evolución potenció la memoria olfativa como un valioso elemento de
adaptación y supervivencia de muchas especies.
Una situación especial es aquella en que las memorias están
disponibles pero no son accesibles, cuando tratamos de recordar algo que
estamos seguros de saber sin conseguirlo. Es el caso frecuente de pero si esto
yo lo sabía muy bien, ¿porqué ahora no me puedo acordar?, o el de ¿qué he
venido yo a hacer aquí?o quizá el de tengo ese nombre en la punta de la
lengua pero no me sale. En muchos de estos casos la incapacidad de recordar
se debe a que el recuerdo también puede relacionarse con situaciones
orgánicas del individuo o exteriores a él. Cuando aprendemos en un
determinado estado orgánico, por ejemplo, cuando estamos muy despejados y
activos, o, por el contrario, cuando estamos adormilados, o bajo los efectos de
una droga estimulante como la cafeína (café, té, coca cola), o depresora, como
el alcohol, suele ocurrir que la mejor situación para recordar posteriormente lo
aprendido es volver a estar en la misma situación en que se aprendió. En caso
contrario la evocación del recuerdo puede estar dificultada y el individuo
quedarse en blanco.

Para generar memoria explícita hay que poner en juego regiones
cerebrales como el hipocampo y sus áreas relacionadas. Cuando estas
estructuras intervienen el aprendizaje implica comparaciones, contraste entre
elementos y posibilidad de inferir, deducir o generalizar a otras situaciones
equivalentes a la vivida. La propia actividad creativa de un individuo puede
estar muy relacionada con la memoria explícita generada con el concurso del
hipocampo. En caso contrario, cuando el hipocampo no entra en juego, las
asociaciones cerebrales que se forman tienen un carácter más rígido y
automático, perdiendo la posibilidad de expresarse cuando los problemas o
situaciones se plantean de un modo o en un contexto diferente al original.
Cuando nos enfrentamos a una situación de aprendizaje es muy importante
discernir la estrategia cognitiva que guía nuestra conducta. Esa estrategia
depende de los hábitos mentales que ya tenemos adquiridos, de la situación
orgánica y ambiental en que nos hallamos y de las instrucciones que
recibimos o que nos damos a nosotros mismos para aprender la tarea. Hay
instrucciones que incitan a la comparación y el contraste, generando memoria
explícita, mientras que otras nos conducen a un tipo de aprendizaje más
automático y reflejo que genera memoria implícita. Es importante entonces
darse cuenta de que incluso pequeños cambios en los estímulos o en la
situación de aprendizaje pueden modificar las estrategias que utiliza el cerebro
para procesar la información. El producto final dependerá de esas estrategias.
En cualquier caso, la mejor manera de aprender consiste en saber muy bien lo
que queremos y cómo nuestro cerebro quiere que lo adquiramos.

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Acerca de APRENDIZAJE Y MEMORIA HUMANA

docente en educacion superior
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